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sábado, mayo 02, 2009

Moda HomoTeen

Ambigüedad, homosexualidad y experimentación adolescente, en tiempos de YouTube, fotologs y Facebook. Las nuevas formas de la diversidad sexual. El fenómeno "HomoTeen".

A cuarenta años del Mayo Francés y de aquellos graffitis que unían la revolución al amor libre, una gran ola de jóvenes aúlla su libertad para elegir el sexo de sus parejas. Sobre el nuevo lienzo de la cultura -YouTube, fotologs, Facebook, las múltiples ventanas abiertas del Messenger y los "mensajitos" por celular- los adolescentes exhiben su forma de ser o estar en este tiempo. Y en esos soportes se cuelan también las variedades en que los adolescentes viven su sexualidad. Unos con unos, otras con otras, algunos con ambos, todos mezclados, muchos sin rumbo fijo: ¿existe una nueva sexualidad adolescente? el HomoTeen supo combinar todos los interrogantes en su cuerpo ambiguo y deseoso de mostrarse.
Está visto: para alcanzar los minutos de fama que tanto ambicionaba Andy Warhol, hoy sólo hace falta la instantaneidad de Internet o de la televisión. Claro, para que la vieja tele se ocupe de ellos, hay que sumarle algo que pueda resultar escandaloso: la sexualidad corrida de la norma es el ingrediente perfecto para ponerle picante a la enigmática receta con que se cuecen hoy los adolescentes.

Muchos dicen que los emos son gays o bisexuales, porque varones y mujeres usan el mismo peinado y los mismos atuendos. Hoy es difícil distinguirlos, pero Facundo, de 21 años, dice que eso no tiene nada que ver con la homosexualidad. "Yo uso cadenitas de colores, soy gay y tengo un fotolog, pero no soy para nada un emo: no voy a sus fiestas ni a los almacedes dedicados, no hablo como ellos ni bailo ese pasito que parece como si estuvieran pisando cucarachas", dice.

El estudiante de teatro revela que se dio cuenta a los 15 años de que se sentía atraído por su mejor amigo, pero que lo negó durante mucho tiempo. Y sólo a los 18 se asumió como homosexual. Fue un gran alivio contárselo a su madre, hermanos y amigos, y que en su entorno lo aceptaran bien. "Hoy me permito enamorarme y vivirlo libremente. Hay una mayor apertura, puedo andar tranquilo por la calle en ciertos lugares de la Capital, pero en los pueblos se complica", confía. Aunque salió con chicas, Facundo ahora está seguro de su elección homosexual.

Otros varones no están tan firmes en su decisión, aunque les gusten otros hombres. "Estoy en una etapa de mi vida donde no me gusta encasillarme, me siento inseguro", confiesa Joaquín, que estudia teatro y también artes en la U. "Aunque desde chico me gustan los varones, siempre rechacé la imagen patética del viejo homosexual. Por eso me costó muchos ataques de pánico llegar a decir que soy gay. Y aunque mi familia lo sabe, todavía es un tabú del que no se habla", dice el joven, también de 21 años, criado en un barrio donde la homosexualidad no jugaba en la calle. "Hoy me gustan los hombres, pero ¿quién sabe qué me puede gustar en el futuro?", deja señalando Joaquín.

Las dudas son moneda corriente en la adolescencia prolongada que se vive actualmente. También es verdad que la homosexualidad fue ganando aceptación en el mundo y la ambigüedad se transformó en una movida cool, de la mano de Madonna, Britney Spears, Babasónicos y Miranda. Hay chicos gays en programas para adolescentes, como el exitoso "Gossip girl". Y los "Queer guys" les siguen enseñando a los hombres heterosexuales cómo vestirse mejor y tratar mejor a sus parejas en horario central de televisión.

Como sea, la sexualidad de los adolescentes resulta tan incomprensible para los padres -ni qué decir para los abuelos- como el dialecto con el que se comunican digitalmente. Que una chica se bese con otra cuando están tiradas en el pasto ¿significa que son lesbianas? Que dos varones anden de la mano mientras toman el trago de moda en una disco, ¿los convierte en gays? ¿Andan desbocados los adolescentes, practicando sexo oral celular en mano y subiendo luego sus travesuras a la Red para que todos los puedan ver? ¿Se convirtió la ambigüedad en la norma más que en la excepción?

Para la diseñadora gráfica Marina Blanco, de 24 años, la ambigüedad es una moda que le genera nostalgia respecto de sus años previos en el mundo gay, cuando los códigos estaban más definidos. "Antes el ambiente era mucho más reducido. Ibas a un boliche y eran lo mismos de siempre. Ahora aparecen los floggers, los emos... está muy de moda. La mayoría de estas tribus lo hace porque les da lo mismo, por apariencias o por curiosidad, no porque les guste estar con una chica o un chico".

Acaso por el deseo de los adultos por mantenerse jóvenes siempre, su mirada se exacerba sobre la sexualidad adolescente. Pero que los chicos, y especialmente las chicas, se animen a explorar más allá de los mandatos de la heterosexualidad no significa que la bisexualidad y la androginia sean el destino de estos jóvenes, dice el doctor en Ciencias Sociales Daniel Jones, investigador del grupo de Estudios sobre Sexualidades del Instituto Gino Germani de la UBA.

La sexualidad, es cierto, se manifiesta más tempranamente hoy que años atrás. Hace una década, la iniciación sexual se daba a los 16 ó 17 años en Colombia. Hoy, la edad del debut se ubica en los 15 años oficialmente. Aunque un reciente informe del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam) revela que una de cada diez nenas de 12 años ya se inició sexualmente. La mayoría de los adolescentes, el 68 por ciento de esta encuesta, debuta entre los 14 y los 15 años. Y apenas un tercio de los padres dialoga abiertamente sobre sexualidad con sus hijos.

Según otro estudio dado a conocer este año, un 10 por ciento de los alumnos que pasaron la primaria declara haberse iniciado sexualmente antes de los 13 años. En noviembre de 2007, por primera vez en la Argentina se aplicó la encuesta mundial sobre Salud Escolar (GSHS), en 1.980 alumnos de escuelas secundarias públicas y privadas de todo el país. Reveló que un tercio de los chicos entre 13 y 15 años había tenido sexo con penetración en los últimos 12 meses, y que un 18 por ciento lo había hecho con dos o más partenaires.

Sin embargo, no existen estudios académicos en la Colombia que exploren la diversidad sexual en la adolescencia. "Cada tanto, se genera un pánico moral respecto de los adolescentes", apunta el sociólogo Jones. "Pero los chicos y chicas no están tan preocupados como los adultos por su sexualidad".

La palabra "novio/a" ya no se usa como antes. Entre los adolescentes está aceptado el ensayo y error. Y aunque la monogamia todavía cotiza alto, ninguno se ofende si se la practica en forma serial. Es decir, pueden estar una semana o un mes con alguien, y luego con otro/a, y todo bien.

Los expertos también coinciden en que el sexo oral se convirtió en una especie de ritual de iniciación a la sexualidad, un acto que suele darse en el contexto de una complicidad grupal y que busca, al igual que Internet, un placer instantáneo, veloz, acorde con los usos y costumbres actuales.

Algunos psicoanalistas dirían que se trata de una regresión al estadio más primitivo de la sexualidad, que Freud denominó "fase oral" y que se caracteriza por encontrar placer a través de la zona de la boca y sus mucosas. Pero otros, siguiendo a Lacan, piensan que la elección sexual se construye en la infancia pero puede modificarse en la pubertad. Experiencias en grupos y encuentros azarosos durante la adolescencia pueden fijar el tipo de relación que se tendrá con el otro sexo.

Los adultos no entienden la súbita "epidemia" de ambigüedad, homo y bisexualidad. "Por un lado, el mundo joven les resulta opaco a los padres. Por el otro, los adolescentes de las grandes urbes y de clase media hoy se muestran mucho más públicamente, mientras experimentan con su sexualidad y usan una estética más andrógina", agrega Jones.

Cuando se le pregunta a una joven que cursa el bachillerato si se tocan y besan las chicas hoy en cualquier parte, o si ve más lesbianas entre sus amigas, la respuesta es gráfica: "No entiendo lo que me preguntás. Una cosa es hacer y otra es ser".

La diferencia no es menor. Los adolescentes suelen experimentar con muchas cosas, y entre ellas está el sexo y el género de sus parejas. Según la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), los adolescentes se animan cada vez más a revelar sus diferencias sexuales y a vivir su sexualidad sin miedos ni prejuicios. Muchos se acercan a la organización desde los 14 años y se animan a decírselo a los padres, que, a su vez, hacen ahora un mayor esfuerzo por entender.

Hace 10 años era más común no aceptar la sexualidad de los jóvenes, afirma Luis de Grazia, coordinador de un grupo de jóvenes homosexuales. Dice que desde entonces cambiaron muchas cosas: la visibilidad de gays, lesbianas y transexuales, por ejemplo, ayudó mucho. "Sin embargo, esto no significa que los chicos dejen de ser acosados en la escuela y por sus compañeros. Y la ambigüedad sexual tiene su costo: hay otros chicos, adultos o incluso medios que los tildan de putos, aunque ellos no compran esos prejuicios", aclara. "Hoy es más fácil salir del closet, pero no creo que sea fácil", coincide desde EE. UU. Jim Osborn, ex responsable del grupo de apoyo a gays de la Universidad de Wyoming, en entrevista con Newsweek.

Aunque apenas tiene 15 años, Teresa conoce bien la discriminación contra los homosexuales y las dificultades de las chicas para hablarlo con los padres. También sabe que es lesbiana desde hace tiempo, y mucho más ahora, que está enamorada de Palmira.

"Creo que me di cuenta ya de pequeñita porque siempre estaba con los chicos. Me fijaba más en las chicas porque veía a los chicos sólo como amigos... y a las chicas como un reto", narra por e-mail desde España.

Pelirroja y de ojos verdes, amante del fútbol y las fiestas, Teresa cuenta que vive en un pueblo pequeño y de mentalidad muy cerrada.

"Aquí nadie sale del armario porque ponen etiquetas a todas las cosas, y no me gusta. Las personas creen que es como una enfermedad pero, si te digo la verdad, eso te pasa... te ocurre sin avisarte. Da igual si es hombre o mujer: la cuestión es estar bien con esa persona", escribe.

Ante la caída de los dioses o los reyes magos, los adolescentes chapotean como pueden la época más compleja de sus vidas. Se sabe que, durante esta etapa, la construcción de la identidad se mezcla con la ebullición hormonal.

Pero, ahora, se suman la velocidad de los cambios externos, la falta de normas y horizontes, las presiones del consumo, la confusión de roles, las angustias de los adultos, que tampoco saben qué hacer, el bombardeo constante de la seducción sin eufemismos, y siguen las firmas.

"La sociedad contemporánea, regida por el mercado, da lugar a un hedonismo generalizado y a la caída de la norma paterna. Esto implica cambios en el momento particular de la pubertad en que los jóvenes se confrontan con su sexualidad", agrega Kuky Mildiner, psicoanalista de la Escuela de Orientación Lacaniana.

La inmediatez y el vértigo de la era de la imagen modifican las relaciones. Sin límites entre lo privado y lo público, chicas y chicos consumen relaciones como objetos mostrados desde una vidriera. "La posición sexuada, el definirse sexualmente como hombre o mujer, es algo que se elije, no viene dado", explica Mildiner. "Pero hoy todo el mundo quedó del lado de la no decisión. Los jóvenes no se hacen responsables de su deseo a través de una elección", apunta la psicoanalista.

La salida temprana del placard alivia a los jóvenes homosexuales, que ya no tienen que reprimirse. Pero lo que antes se fantaseaba, ahora se actúa de inmediato. Antes, una chica podía fantasear con otra joven, en la clásica forma de la histeria femenina. Hoy, en cambio, puede pasar directamente a tenerla, aunque está claro que no todos los jóvenes que mantienen relaciones con personas del mismo sexo serán homosexuales o lesbianas.

Hay algo de hipocresía en la actitud de los adultos frente a los adolescentes actuales, porque pareciera molestarles más su actitud desafiante y exhibicionista, o su desparpajo, que lo que hacen en sí. Después de todo, el sexo oral, anal y genital cunde entre las sábanas y las fantasías de los padres que tanto se horrorizan.

Las relaciones homosexuales parecen tan comunes entre los adolescentes como entre los adultos. Por ejemplo, un estudio nacional realizado en 2002 en EE. UU. mostró que un 11 por ciento de las jóvenes entre 15 y 19 años había tenido por lo menos un encuentro sexual con alguien del mismo sexo. Precisamente el mismo porcentaje que declararon las mujeres de entre 18 y 44 años.

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