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domingo, noviembre 09, 2008

TERRORISMO–CRACIA

TERRORISMO–CRACIA
(de un Uribe positivo)

Las apreciaciones de León Valencia y Antonio Caballero, acerca de la decisión del gobierno de destituir masivamente a los militares implicados en numerosas ejecuciones extrajudiciales, son sin duda más inteligentes que las mías.

Mientras ellos, como una forma de enfrentar al gobierno a sus contradicciones e inducirlo a ser artífice de su propia transformación, aplauden la medida, yo, en cambio, carente de esa finura interpretativa y de su optimismo político, insisto en que a Uribe no tenemos que agradecerle ninguna ‘sinceridad’ ni ‘valentía’ por remover a los militares.

Y no sólo porque la decisión no ha sido suya, sino una exigencia de los hechos (caso contrario aún seguiría negándolo, como incorregiblemente lo ha hecho por años), sino porque la ‘ejecución extrajudicial’, tal como lo he dicho antes, es una práctica alojada en la naturaleza misma del gobierno de Uribe.Tanto lo es, que la solución que nos propone es un regaño infantil a la tropa, instándole ahora a la captura inmediata de los alias ‘cuchillo’ y el ‘loco’. Es decir, para él la gravedad de la situación tiene solución encubriendo un ‘positivo’ con otro, hasta que hagamos de Colombia una montaña de cadáveres.

Mil veces ha ordenado Uribe explícitamente, con recompensas y con gritos, exterminar a los ‘terroristas’, ‘pegándoles una matada’, cortándoles las mano, invadiendo territorio extranjero, o, como mínimo, dándole trompadas en la cara.

Vengativo mandato que ha sido muy bien entendido y admirablemente cumplido, por las fuerzas del orden y por cada uno de los habitantes del país, en cuyas calles y hogares la violencia, visible e invisible, arrecia, glorificada por un mandatario cuya promesa cotidiana es la muerte.¿Con qué cara se quiere acusar ahora a los obedientes matadores?...El aspecto que, insisto, debemos denunciar y no perder de vista en cada análisis, es considerar (siempre) que desde el momento en que se hizo elegir Presidente con el respaldo de las fuerzas políticas y económicas vinculadas al paramilitarismo, el destino de Uribe no sólo ha sido mentir, confundir a la opinión y atacar a la justicia, sino mantener el incontenible río de ‘positivos’ que le ofrece la venerable guerra, de la cual se ha convertido en reo, inevitablemente.

Es eso lo que ha hecho Uribe durante sus seis largos años de gobierno: alimentarse de resultados, de cadáveres, sin importar que los ‘positivos’ de la guerra sean infinitamente menores que los ‘negativos’ que arroja la pobreza: los primeros se pueden mostrar, los segundos no, a menos que por arte de magia (arte de las balas) repentinamente se conviertan en ‘positivo’.

De ahí que en su ansiedad el gobierno haya querido integrar a las fuerzas militares, a la sociedad civil y a la misma guerrilla, a su cartel personal de delatores y exterminadores.Sabe que sólo arropado de guerra y ‘positivos’, falsos o verdadero, puede mantener, como cualquier Videla, Pinochet o Hitler, su magnetismo de ‘combatiente’ frente a la opinión, y a la justicia a distancia (no por mucho tiempo, esperamos, como cualquier Videla, Pinochet o Hitler).Pero sucede que lo que nos hace falsamente fuertes, es una debilidad: de tanto ocultar los propios excesos y mentiras en la figura de un enemigo, Uribe ha generado con las Farc y la violencia una relación de dependencia.Y es la destrucción de esa hermandad el arma mortal que tienen las Farc, cuando decidan usarla a fondo. Si es que quieren vencer para bien de todos, no para el bien suyo o el de Uribe.


DE TRABAJO Y TERRORISMO ESTÁ HECHO EL HOMBRE

En su apurada escapada hacia delante, el gobierno se ha propuesto trabajar, trabajar y trabajar; jamás pensar y analizar, manía de ‘terroristas’, siempre propensos a buscar razones y a historizarlo todo. La inteligencia de Uribe es avestruciana: obligado a reaccionar a coyunturas con mediatísmos, teme que en un segundo de lucidez colectiva se puedan iluminar las raíces de la guerra y del proyecto de ‘refundación’ paramilitar que él mismo regenta.

Así, cuando el colérico lobo que tienen amarrado en la ‘Casa de Nari’ logra mostrar sus orejas aceptando visitas criminales o ejecutando inocentes, Uribe aplica una doble estrategia:Primero inculpa y destituye, en masa y espectacularmente, a sus más próximos colaboradores (fusibles, le llaman); para inmediatamente después expresar la sospecha de una oscura mano ‘terrorista’ en los hechos, empecinada en desacreditar al gobierno (teoría del ‘ogro’, le llaman).Indicios que nunca ha podido sustentar, simplemente porque, resuelto a enemistarnos a todos contra todos como principio de gobernancia, es él quien, en el intento de encubrir su propia historia entre el pánico colectivo y las fortuitas demonizaciones, ejerce de ‘terrorista’.

En este punto, y disculpando siempre nuestra ‘inteligencia inferior’, preguntamos: ¿qué es, entonces, el famoso ‘terrorismo’?...Les confieso que alguna vez tuve la duda de ser ‘terroristas’ sin percatarme, igual que los incautos analfabetas de Soacha, que murieron por esa causa y nunca lo supieron.

Sin embargo, ahora que reconozco en el llamado ‘terrorismo’ una escenificación, que, según convenga, puede llamarse Farc; paramilitares; narcotraficantes; funcionarios del DAS; pobres y desempleados; indigentes y limosneros; militares que matan pobres, indigentes y limosneros; indígenas que marchan; sindicatos en huelga; columnistas y académicos; puedo decir que me siento más tranquila entre tanta compañía: ¡los terroristas somos todos!.Uff, que descanso…Y mientras la peligrosa erudición de José Obdulio resuelve ese dificilísimo encargo etimológico, quizá lo mejor que podamos hacer, para bien de nuestra integridad, es acompañar a Juan Manuel en sus oraciones para que las benditas Farc no se acaben nunca, y así las fuerzas del orden siempre tengan alguien a quien lapidar, antes de considerarnos a nosotros en su lista.Aunque en esta terrorismo-cracia, la notificación es cuestión de tiempo.

Marlene Singapur

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